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OPINIÓN | Hasta en los excrementos hay diferencias

Columna de opinión de Pilar Díaz, vicesecretaria general comarcal del PSOE

Si ha habido una semana en la que el noticiario y demás titulares me han provocado acidez de estómago, ha sido ésta. Siempre he tenido claro que el carnet político no acredita la honradez y la honorabilidad en el ejercicio de las funcionas públicas.

El carnet determina los intereses que uno defiende, y en la izquierda defendemos los intereses públicos que mejoran la vida de la gente, independientemente de su capacidad económica, con el objetivo de conseguir una sociedad más igualitaria, dónde nadie se queda atrás. La derecha defiende los intereses de siempre, los de los privilegiados, aquellos que se pueden pagar sanidad y educación privada; esos a los que Fraga llamaba “familias prominentes” y Feijóo, hoy, llama “gente de bien”.

Pero la honradez y honorabilidad no tiene carnet ni color. Lo hemos visto con los casos que han ido aflorando, desde Gürtel a Kitchen, los ERES y ahora MEDIADOR. Pero hasta en la corrupción hay diferencias como en la basura. El PP sigue lidiando con incontables casos de corrupción que han puesto de manifiesto su concepto del poder, y es para enriquecerse, como reconociera sin sonrojo, en su día,  Zaplana, y pagar campañas, sobresueldos,  arreglar sedes, y, si asoma algo, utilizar dinero público para taparlo.

Lamentablemente mi partido no se ha visto libre de esa mierda, y perdonen el vocablo, pero es que me sale de la indignación y el asco. Pero hasta en los excrementos hay diferencias, como decía antes. Los ERES se repartieron mal a conciencia, pero no se utilizaron ni en sobresueldos, arreglos de sedes, ni en pago de campañas. Y el último caso asqueroso, el de Canarias, lo más bajo, cutre y ordinario, parece que en drogas y prostitución.

Pero si en los excrementos hay diferencia, también la hay en el tratamiento que le damos desde la izquierda y la derecha. La derecha la oculta, y no vacila en montar un aparato, pagado con dinero público, por supuesto, para taparla o romper discos duros. En la izquierda los echamos de casa sin disimulo, o como decía Pedro Sánchez: “nosotros podemos tener un polizón en el barco, pero, cuando eso sucede, lo bajamos inmediatamente a tierra”. Yo reconozco que soy más impulsiva, porque yo directamente los tiraría por la borda y sin salvavidas.

Una cosa hay que tener clara, seamos de un lado o de otro, la corrupción nos daña a todos, pero sobre todo, daña la confianza de la ciudadanía en el sistema democrático y su capacidad para sancionar las conductas corruptas, pero sobre todo, y es lo más importante, en prevenirlas, detectarla a tiempo y erradicarlas del sistema.

Y eso es peligroso, porque si la ciudadanía pierde la confianza en la democracia, le estamos abriendo las puertas a la ultraderecha y entonces volveremos a los cuarenta años de oscuridad y represión que ya vivimos.

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